Damas Perdidas: 6 grandes cantantes de folk proscritas de la Historia

Damas Perdidas: 6 grandes cantantes de folk. Shelagh McDonald

Por Óscar Patón

Shelagh McDonald. Damas Perdidas: 6 grandes cantantes de folk

Si pensamos en mujeres cantantes de folk de finales de los años 60 y principios de los 70, los primeros nombres que acuden a nuestra mente son Joni Mitchell, Joan Baez o Carole King. Pero existieron muchas más artistas, aparte de estas, que por los motivos más variopintos (falta de promoción por parte de la discográfica, coqueteos desafortunados con las drogas o desapariciones repentinas e inexplicables del panorama musical) no llegaron a alcanzar el reconocimiento deseado.

En MundoMiznait queremos rescatar a algunas de estas grandes cantantes, que, sin duda, merecieron mejor suerte. Sirva este artículo como homenaje a ellas.

damas perdidas: 6 grandes cantantes de folk

Kathy Smith — «The End of the World»

Esta cantante californiana grabó dos discos a comienzos de los 70, antes de desaparecer sin dejar rastro. Algunos aventuran que abandonó el negocio musical para entrar en una reserva de indios. Sea como fuere, nos legó un puñado de excelentes canciones, entre ellas, esta «The End of the World», de la que conservamos una especie de videoclip de cuando aún no se llevaban los videoclips. El resultado visual se antoja un tanto bizarro, pero musicalmente, con esos sutiles toques psicodélicos, es una auténtica maravilla.

Kathy McCord — «Rainbow Ride»

En mi opinión, uno de los ejemplos más flagrantes de injusticia musical. Una cantante que debería haber alcanzado una audiencia más amplia, pero que, a causa de una nefasta promoción, pocos se acuerdan hoy de ella. En su disco de debut, una obra maestra de aroma ensoñador y poético, conviven temas originales con versiones, incluida el «I’m Leaving Home» de los Beatles. «Rainbow Ride», la canción que abre el LP, cuenta además con un espectacular solo de guitarra de John Hall.

Shelagh McDonald — «Waiting for the Wind to Rise»

Esta escocesa protagonizó una efímera carrera con solo dos discos y abandonó abruptamente la escena musical por un mal viaje (provocado por las drogas, se entiende). Durante más de treinta años permaneció en paradero desconocido, hasta que decidió volver a la luz pública tras leer en un periódico una noticia sobre su desaparición. Sus grabaciones, en las que alternan baladas y temas más animados, cuentan con una notable presencia del piano, lo que, unido a su voz de soprano, les concede una innegable personalidad propia a sus canciones.

Vhasti Bunyan — «Jog Along Bess»

De nacionalidad inglesa, Vashti Bunyan solo publicó un disco a principios de los 70, inspirado en un viaje errático que la había llevado por las praderas de Inglaterra y Escocia acompañada de su novio, su perro y un caballo. Sin embargo, a diferencia de sus compañeras precedentes, salió del olvido hace unos años gracias a que Devendra Banhart, el hipster por excelencia, la animó a sacar un segundo LP casi cuarenta años después del primero. Es una música folk delicada, mecida por la dulce voz de Vashti, que nos seduce como un arrullo.

Sybille Baier — «The End»

Entre 1970 y 1973, la cantante y actriz alemana grabó acompañada solamente de su guitarra en la cocina de su casa unas canciones que permanecieron escondidas, hasta que su hijo descubrió el casete treinta años después y lo envió al guitarrista de Dinosaur Jr, quien logró publicarlo gracias a la ayuda de un amigo que poseía una pequeña discográfica. La interpretación de Sibylle es íntima, como una confesión, y sencilla, pero profundamente conmovedora. Ideal para escuchar en las noches de invierno.

Judee Sill — «Jesus Was a Cross Maker»

La cantautora norteamericana Judee Sill llevó una vida accidentada (en el sentido literal y figurado) y murió a consecuencia de una sobredosis de cocaína y codeína en 1979, cuando apenas contaba con 35 años. No obstante su prematura muerte, le dio tiempo a grabar dos discos que merecen estar a la misma altura de los cantautores más celebrados de su época. Pese a sus devaneos con el lado salvaje, en sus temas es habitual encontrar ecos de resonancia cristiana, como en este «Jesus Was a Cross Maker».

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