Mucha Policía: 3 audio poemas que hielan la sangre del mejor poeta madero de la literatura española

Por Santiago Úbeda Cuadrado

Mucha policía. Un libro de Juan Bautista Moreno, autor maldito y poeta madero

Mucha Policía es el único libro de poemas publicado de un tal Juan Bautista Moreno. Autor maldito donde los haya, lo único que se sabe de él es que trabajó toda su vida de madero, que amaba la poesía y el arte por encima de todas las cosas, que fumaba tabaco negro, que gustaba de jugar al mus en los ratos perdidos de la comisaría y que tenía muy mala hostia pero muy buen corazón.

Unos dicen que murió por desamor (las mujeres le volvían loco) y otros que en acto de servicio, como un héroe. Cualquiera sabe… Lo que está claro es que ningún poeta ha hablado con tanta valentía, verdad, crudeza y talento del mundo de la policía, tan presente para todos pero a la vez tan desconocido.

Ahí van un puñado de audio poemas del mejor poeta madero que ha dado la literatura española y quizás universal:

AUDIO POEMA 1: SALSA ROJA

¡Como des un paso más
me suelto de la barandilla,
te lo juro!
 
¡Tranquilo hombre,
seguro que esto tiene otra solución!
 
Policía, perito, psicólogo barato.
Qué más dá.
 
Nunca estás preparado,
ni aplacando tus vísceras,
para torear a capotazo limpio,
como espontáneo que salta al ruedo,
situaciones donde vida o ficción
se pasean por el mismo filo.
 
Un fulano agarrado a la baranda
de la terraza y con todo
el cuerpo fuera,
amagaba con suicidarse.
 
Abajo, la gente sosteniendo cubos
de palomitas,
expectantes ante una
buena película de suspense.
 
Ración extra de cotilleo
para darle bien,
a posteriori,
a la húmeda.
 
A todo esto,
Casius organizando el cotarro,
por si el pavo se tira,
pese a advertirme del posible teatro
del mismo:
 
Si éste la quiere pichar no monta este tinglao, fijo.
 
Y yo, en la terraza, a tres metros de él
intentando que se diese otra oportunidad.
 
No supo suicidarse.
No hay un modelo a seguir.
Pero se debe estar convencido.
 
Cuando hizo ademán de tirarse
se le fue una de las manos,
por el sudor digo yo.
Salté para trincarle con poca fortuna.
En el último instante sus ojos,
y la mano en el aire
intentando agarrarse a la mía,
delataron su farol.
 
Se esparció como un melón
mientras la mujer lloraba
y nos acusaba de llegar tarde.
 
Casius apartaba a la gente
con la coña de que
en el telediario de las tres
lo verían de nuevo,
por si habían perdido detalle las cotorras.
 
Un técnico sanitario se esforzaba,
partiéndole el esternón,
en reanimarle.
 
Pisé sangre
dejando huellas
hasta la puerta del patrulla.

AUDIO POEMA 2: EL BOTI


Al Boti le pusieron
a grapar folios
y pegar sellos con lengua.
 
Lleva así desde
que yo entré.
Y de eso,
te juro que a veces me espanta,
van diez años.
 
Boti patrullaba y hacía estadísticas
antes de su metaforfosis
en grapadora.
Hasta que un día,
se le ocurrió incluir
en el parte de servicio,
el avistamiento de dos ovnis.
 
Así sin más.
 
El tío te juraba
por su vieja
haberlos visto
tan claros
como su lúcida mente creía.
 
La peña no daba crédito.
 
El caso es que el menda
funcionaba de un modo normal.
Al menos como guardia.
 
Canguelo es la palabra.
 
Si llegaba ese parte
al jefe, iba a flipar.
Tampoco reconocer
el chapucero proceso
de acceso a madero
hubiera sido lo más correcto.
 
Regate a la máquina del psicotécnico
por pate del Boti.
 
No problem.
El avistador de ovnis a un despachito,
donde menos movidas va a crear,
y el parte para papel del culo.
 
Otros no son ufólogos,
y patrullan hasta las cejas
de ansiolíticos o coca
sin reconocerlo.
 
Descojonándose de el Boti.

AUDIO POEMA 3: Y ÉL NO SE ACHICHARRÓ (Mucha policía)


Caramelos,
porros,
chicles,
pipas,
cocaína
o chupa-chups.
 
En los agujeros más
o menos oscuros
de cualquier ciudad
puedes encontrarlos.
 
Esto,
me la barniza tanto,
que cada uno con su life
puede hacer lo que quiera.
 
Ser obligado a rastrear
por garitos es otra cosa.
Nos pagan por ello,
como al jodido de Salva.
 
Veterano con raíces de la unidad canina.
Intocable.
Pese a que anden a vueltas con él
por emisora para acudir con su perro
a un aviso.
Y no lo localicen.
 
Y tenga emisorazos
sin que ningún hábil malabarista
sepa dónde anda.
 
Yo imaginaba dónde.
Igual que todos.
 
Sorbiendo tinto hasta por las tochas
en cualquier bareto.
 
Y da la puta casualidad
que es Agosto.
Tengo calor y entro a ese mismo
bareto a por agua.
 
Y el Salva,
más colorado que el muñeco
de los semáforos,
calentando banqueta uniformado.
 
Al salir, caigo en que el perro
llevará más de dos horas
en la jaula de la furgoneta.
Al sol, dentro del nicho.
 
La toco.
Arde como el infierno.
Miro por la ventanilla
y el animal tostado,
hace rato que estiró la pata
de la calor.
 
Dicen que se excusó
poniendo de parapeto
las pastillas inexistentes
que un veterinario inexistente
le había dado.
 
Pero a él no le ardieron las pelotas.