3 audio poemas como perros rabiosos de Indio Zammit (Indio Gruta77)

Portada audio poemas Indio Zammit, Indio Gruta77

Por Dimas Ortiz

Indio Zammit, aka Indio Gruta77
Fotografía de Pablo Plaza.

“¿Pero qué mierda de música le habéis puesto a mis poemas?”. Son las palabras de Indio Zammit al escuchar los audios de prueba. En vano intentamos explicarle la gracia del contrapunto. “¡Ni contrapunto ni hostias! Esa música no pega nada», sentencia. Y seguramente tenga razón.

El caso es que El Silencio Se Ha Comido Todas Las Aceitunas es el séptimo y hasta la fecha último libro de poemas de Indio Zammit, también conocido como Indio Gruta77 por su labor al frente de esta ya mítica sala de conciertos. Él se define como poeta racionalmente atormentado y observador incansable del comportamiento humano, en busca de la profundidad en lo cotidiano.

Nosotros advertimos. La suya es una poesía carnívora, de colmillo fácil, articulada en tarascadas de rima perdida, que dentellea y tritura todo aquello en lo que Indio Zammit fija su mirada. Les dejamos con tres poemas inéditos suyos recitados por él mismo.

audio poema 1: liberaleS (INDIO ZAMMIT)

Herederos de la codicia de aquellos que no les basta perpetuar la hegemonía. Sangre de la sangre del que no busca tanto poseer más, como que el resto sea desposeido. Avariciosos terroristas de los sentimientos de sus congéneres. Insaciables adictos a la creación de pobreza. Enemigos de la dignidad colectiva. Devoradores irónicos de la voluntad de progreso. Perpetuos ególatras antipáticos. Descreídos, inhumanos, encaramados a pedestales detestables construidos sobre entrelazadas desgracias. Fatuos competidores de sí mismos. Sordos y ciegos tras ventanas ajenas a otra realidad que la de sus espejos. Inmaculados criminales anclados en sus obsesiones sociópatas. Verdugos sin ningún sentimiento de culpabilidad. Enemigos de toda forma de vida ajena a su dominio.

Quizá no muráis aparentemente solos.
Esa será precisamente la última mentira a vosotros mismos.

audio poema 2: estreñido (INDIO ZAMMIT)

Larvean mis heces intestino arriba,
cómo si intuyeran peligro al asomarse al exterior.
Es una sensación desagradable, nueva,
sin diagnóstico.
Parece que algo les asusta,
un miedo instintivo, animal,
que se convierte en pánico
cuando apenas atisban la luz
y comienza la carrera contra natura.
Son ya semanas sin comer.
Me siento hinchado, lleno,
sucio.
Temo que revienten mis tripas
como ellas el contacto atmosférico.
Así, en el callejón paradójico
parece no quedar futuro,
sucumbiremos juntos,
Yo con mis heces en rebeldía,
a las que no tendré oportunidad de explicar
que su transgresión me conduce a la muerte,
quizá conscientes de su posibilidad de morar otro hábitat,
no necesariamente humano.

No se dan cuenta que ese nuevo paraíso
no podrá desarrollarse más que en La Tierra,
lugar del que ahora huyen
aterradas.

Ideológicamente las entiendo,
ni siquiera la mierda es suficientemente sucia
cómo para soportar mezclarse con la inmundicia de este planeta incomprensible,
con moralidades vacuas,
gobernado por el más cruel de los animales
que confunde la inteligencia con el éxito,
considera secundarias las convicciones,
somete al semejante
y dispone la vida de las especies sin albedrío a su capricho egoísta.

Comprendo el rechazo de mis heces
a convertirse en cómplices del desastre universal.
Aunque no creo merecer, como consecuencia,
morir con la mierda al cuello.

audio poema 3: La sed y la paciencia (INDIO ZAMMIT)

La Sed nunca se llevó bien con La Paciencia.
La Paciencia presumía constantemente de ser sabia,
de algún modo ninguneaba la espontaneidad de La Sed.
La Sed se cansaba de decirle, te equivocas,
conmigo te equivocas,
prejuzgas.
La Paciencia no hacía mucho caso,
no estaba a su altura una discusión tan vana.
A La Sed se la llevaban los demonios,
se la llevaban las hadas,
se la llevaban, en general, todos cuantos buscaban aire/noche.
Sabían de su ingenio, de su tino:
siempre el local acorde a su estado de ánimo;
siempre el licor que rescataba la idea extraviada;
siempre la compañía precisa o la soledad.
Todos los poetas querían bailar con La Sed.
La Sed era como un verso,
hablaba lo justo,
le sobraba lo superfluo.
En la conversación, ofrecía a cada uno lo suyo,
lo que necesitaba,
dejando que le aportasen lo que les pareciese bien,
igual que los buenos anarquistas.
La Sed no era mentirosa
pero sabía (como) contar una historia.

Miraba La Paciencia el reloj con desprecio.
Le gustaba que le/la viesen haciendo esto,
reafirmaba su carácter.
Nunca abría la nevera sin saber antes que iba a buscar,
ni veía la belleza en el cielo,
solamente contaba nubes:
seis, siete, ocho…
si solo hay una, muy grande,
se dice que está nublado.

La Sed siempre llegaba pronto,
antes que sí misma,
para saber, según decía,
que pasaba en el instante anterior de que estuviese allí.
Curiosa,
pero no entrometida,
imaginaba romances entre las sombras
que ocupaban las diferentes mesas al fondo del local,
dónde (la claridad) era enemigo.
Entonces La Sed sonreía
y se agradecía a si misma adelantarse a la cita
por haber disfrutado otra vez
el placer de emparejar.
La Sed era feliz cuando el resto lo eran.
Da igual que sea un instante,
ser feliz y ya está.

La Paciencia divagaba
sobre cosas indivagables,
La Sed pensaba lo impensable,
navegaba lo innavegable,
socorría al ya cadáver.
La Paciencia esperaba y esperaba.
La Sed pasaba la tarde entera
buscando sustantivos o verbos
debajo de la silla,
entre el polvo de la lámpara
o en la despensa.
La despensa estaba llena de palabras
porque a La Sed se le olvidaba llenarla de otra cosa.

La Paciencia,
ensimismada en su calma de latidos sincronizados,
esperaba a que las cosas sucediesen.
A veces no recordaba,
esperaba y esperaba…
Y sucedían cosas,
pero estaba ella ya esperando que sucediesen otras cosas
y esperaba y esperaba
en un largo sinsentido.
Muchacha, sal que dé el aire,
insistía La Sed,
pero a La Paciencia se le ponía duro el pan.

Finalmente
La Paciencia y La Sed dejaron de frecuentarse.
La Paciencia vive ahora en el futuro,
dónde esperar es buen negocio.
La Sed continua inquieta, buscando sus sustantivos.
Son tan diferentes.

CRÉDITOS MÚSICA:

AUDIO POEMA 1 – LIBERALES: El Secreto Más Divertido. Música de https://www.fiftysounds.com/es/

AUDIO POEMA 2 – ESTREÑIDO: (Oh Fortuna) Carmina Burana. Música de Carl Orff. Interpretación musical: MIT Concert Choir. https://lamusicagratis.com/

AUDIO POEMA 3 – LA SED Y LA PACIENCIA: Cambios. Música de https://www.fiftysounds.com/es/

Para adquirir El Silencio Se Ha Comido Todas Las Aceitunas y otros libros de Indio Zammit, escribid a indiogruta@gmail.com.

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